SHWEDER, R.A. La rebelión romántica de la antropología contra el iluminismo, o el pensamiento es más que razón y evidencia. In: GEERTZ, C. et al. El surgimiento de la antropología posmoderna. Barcelona: Gedisa, 1992. p. 78-115

Nota al pie: “Utilizo los términos “iluminista” y “romántico” para identificar patrones de pensamiento, conglomerados de ideas y conjuntos de supuestos que creo están disponibles, tanto intuitiva como autorreflexivamente, a lo largo de la historia de la mente. Es verdad, por supuesto, que los términos “ilustración” y “romántico” constituyen adiciones relativamente recientes al vocabulario de los historiadores intelectuales...” p.78

La disputa es, de hecho, antigua. De un lado están las figuras del “iluminismo”, como Voltaire, Diderot y Condorcet; antes de ellos Sócrates, Spinoza y Hobbes; después de ellos Frazer, Tylor, el Wittgenstein temprano, Chomsky, Kay, Lévi-Strauss y Piaget. La perspectiva iluminista, (...), sostiene que la mente del hombre es intencionalmente racional y científica, que los dictados de la razón son igualmente vinculantes a despecho de la época, el lugar, la cultura, la raza, el deseo personal o el patrimonio individual, y que en la razón se encuentra un estándar universalmente aplicable para juzgar la validez y el mérito. “Unidad” y “uniformidad” son los temas elocuentes de un pensador iluminista: la unidad, en el respeto de la humanidad por la sola autoridad de la razón y la evidencia (la así llamada unidad psíquica de la humanidad); uniformidad, en las conclusiones sustantivas acerca de cómo vivir y en qué creer, dictadas por la razón y la evidencia (la uniformidad normativa de la
humanidad. (...). Del otro lado en la disputa sobre la racionalidad están los portavoces de la rebelión “romántica” contra el iluminismo; Goethe, Schiller, Schleiermacher; antes de ellos los sofistas, Hume y Leibniz; después de ellos Lévy-Bruhl, el último Wittgenstein, Whorf, khun, Schneider, Sahlins, Feyerabend y Geertz. Uno de los dogmas centrales de la visión romántica sostiene que las ideas y prácticas no poseen su fundamentación ni en la lógica ni en la ciencia empírica, que las ideas y prácticas caen más allá del ámbito de la razón inductiva o deductiva, que las ideas y prácticas no son ni racionales ni irracionales, sino más bien no-racionales. Desde la postura romántica fluye el concepto de arbitrariedad y de cultura, la subordinación de la estructura profunda al contenido de superficie, la celebración del contexto local, la idea de paradigma, los marcos culturales y los presupuestos constitutivos, la concepción de que la acción es expresiva, simbólica o semiótica, y un fuerte supuesto antinormativo y antievolutivo, que culmina con la idea de que el primitivo y el moderno son co-iguales y de que la historia de las ideas es una secuencia de modas
ideacionales establecidas.” (pp. 78-79).

Iluminismo:

“Todos los pueblos son intencionalmente racionales y científicos. Esa es la mitad del punto de vista iluminista de Tylor y Frazer sobre la mente del hombre. La otra mitad es que los otros pueblos (...) no lo hacen demasiado bien. Tylor y Frazer legaron a la antropología la imagen del extraño como un lógico deficiente...” (p. 81) “...la figura iluminista tiene confianza que él o ella podrá demostrarles el error de su modo de concebir las cosas. (...). De esta manera, la estrategia iluminista presupone que la mente del hombre se inclina ante la razón y la evidencia y que los dictados de la razón y la evidencia son los mismos para todos. Una vez que se adopta este supuesto, surge una segunda cuestión crucial: ¿Es el conocimiento válido que dictan la razón y la evidencia poseído igualmente por todos? La respuesta a esta pregunta divide a las figuras del iluminismo en dos campos: los universalistas y los evolutivistas. De esta manera, por ejemplo, para universalistas como Hobbes y Voltaire, la respuesta a una pregunta como "¿cuáles son las virtudes morales?" (...) no sólo es dictada por la razón (...) sino que es obvia para la razón (...). Los evolutivistas, por el otro lado, niegan típicamente que los dictados universalmente válidos de la razón y la evidencia estén disponibles por igual para todas las personas y todos los pueblos. (...). De los universalistas heredamos una pasión por el descubrimiento de leyes generales y universales, el concepto de "estructura profunda" ... y la idea de que algunas cosas son "naturales". (...). De los evolutivistas heredamos el concepto de progreso ..., un énfasis en la adaptación y en la resolución de problemas ..., y la visión, relacionada con aquél, de que la historia de las ideas en una historia de representaciones de la realidad más y más adecuadas y que la historia de las prácticas del hombre es una historia de adaptaciones cada vez mejores a las demandas del ambiente." (pp. 82-83) "Dentro de la antropología cognitiva, durante los últimos veinte años, la investigación iluminista se ha concentrado ... sobre las así llamadas etnociencias." (p. 86) Líneas de investigación en etnociencia:
1. Concentración en "los procesos universales en la lexicalizacón de las categorías descriptivas mundanas". (p. 86)
2. Influencia "de esquemas "representacionales" colectivos sobre la habilidad del hombre para actuar como científico, para observar, recordar e incluir. (...) La mente del hombre parece dispuesta a confundir ... parecido con probabilidad. (...). Algunas veces nuestros "esquemas representacionales" interfieren con la observación y la memoria. Otras veces las facilitan. Y a veces, por cierto, el lenguaje puede servir como un efectivo vehículo para la memoria." (pp. 86-87)
3. Concentración "en las amplias dimensiones universales de clasificación de estímulos". (p. 87)
4. Creencia del primitivo como "científico deficiente".
 

Romanticismo:

Lévy-Bruhl (1910). "Renuente a interpretar el entendimiento y las prácticas de otros pueblos bajo una luz denigrante, renuente a transformar el pensamiento de otros en una copia desdibujada de nuestro propio pensamiento ... afirmaba la singularidad e integridad de la llamada ... mentalidad primitiva. Lévy-Bruhl aseguraba que los cánones que gobiernan el pensamiento de los así llamados primitivos no son deductivos, ni inductivos, ni causales. El primitivo, decía, no es un mal científico; es un buen místicos. (...). Hay muchos puntos en una estructura cognitiva más allá del alcance de los estándares universales de la lógica y la ciencia, muchos puntos en los que las cuestiones de verdad y falsedad, error y validez, practicidad y eficacia no vienen al caso. En esos puntos no hay regla de lógica ni ley de la naturaleza que dicte lo que es apropiado o necesario que creamos. Penetramos en el reino de la arbitrariedad. Es un reino en el que el hombre es libre de crear su propio universo simbólico distintivo, libre de gastar tiempo en prácticas acostumbradas y en performances rituales que "dicen" a los otros hombres de qué se tratan sus invenciones simbólicas." (pp. 90-91)
“Una línea de investigación de las ideas no racionales se centra en los llamados marcos, paradigmas, presuposiciones absolutas o premisas constructivas (...). (que implican) una afirmación sobre el mundo cuya validez no se puede confirmar ni desconfirmar. Un marco no viola ninguna evidencia empírica, ni es dictado por ninguna evidencia... La diversidad cultural como “cambio de marco” es una idea clásica dentro de la antropología cognitiva.” (p.92) “Para el romántico, lo opuesto de lo “objetivamente dado” no es lo “monstruoso”, sino lo “arbitrario” (no-racional, extralógico); y el “inmaterial sonido de la voz” y el “no-lugar del lenguaje” no son ajenos al mundo real, sino más bien elementos constitutivos en la organización de diversas realidades. (...). Como se temía Foucault, nuestras clasificaciones no parecen estar determinadas ni por la lógica ni por los “contenidos inmediatos perceptibles”. ¿De dónde vienen nuestras clasificaciones? ¿Qué nos queda después de rechazar tanto “el ojo inocente” (...) como lo “absolutamente dado”...? Lo que nos queda es la “cultura”, un particionamiento del mundo no racional, extralógico, arbitrario, que es “enmarcada”, referida, actuada y aún rotulada, y que se transmite de una generación a la siguiente. (...). De esta manera, para un romántico, carece de sentido preguntar, por ejemplo, “¿es correcto o no el aborto?”; la pregunta significativa sería “¿Dentro de qué marco el aborto es correcto y dentro de qué marco es incorrecto?”. En el mundo del romántico los objetos no se clasifican juntos porque sean verdaderamente más parecidos que otros; muy por el contrario, afirma el romántico: los objetos se parecen más porque han sido clasificados juntos (Goodman, 1972c), ¿Y por qué se han clasificado juntos esos objetos en particular? Comprender eso, replica el romántico, es comprender algo muy diferente a la lógica y a la ciencia. Es comprender lo consuetudinario, lo tradicional, lo simbólico, lo expresivo, lo semiótico.” (pp. 96-97).
“Tan importante como la distinción entre tipos de símbolos expresivos es la distinción entre la función “expresiva” versus la función “instrumental” de las acciones (Parsons, 1968). Como ya se ha señalado, los actos expresivo-simbólicos son formas de decir algo acerca de construcciones arbitrarias de la realidad, construcciones de la realidad no dictadas por la lógica o por la ciencia. Los actos instrumentales, en contraste, son formas racionalmente eficientes de lograr objetivos prácticos.” (p. 98)
“Un orden social es un diseño para la vida armado (o des-armado) a paritr de respuestas a preguntas como éstas. Ni la razón ni la realidad dictan una respuesta única, y por cierto los hombres han diferido en sus respuetas a tales preguntas. Sea como fuere, las respuestas dadas por cualquier sociedad están escritas e la práctica acostumbrada. (...). Ser un romántico es ser antinormativo. Es ser suspicaz respecto del concepto de “progreso”. No se trata de que el romántico sea un anarquista: claramente hay reglas en todos los juegos, y cualquier “marco” posee sus propios estándares “internos”. (...). Para el romántico, la idea de desarrollo se equipara a la idea de habilidad o competencia, y ser habilidoso o competente es dominar las reglas del juego en la práctica. La afirmación romántica antinormativa establece que no hay estándares dignos de respeto universal que dicten lo que hay que pensar o cómo se debe actuar. Desde la perspectiva del romántico, preguntar cuál es la manera adecuada de clasificar el mundo, preguntar a qué se parece el mundo, preguntar cuál es la forma adecuada de diseñar una sociedad y todo eso, es como
preguntar cuál es la comida más sabrosa o cuál es la mejor lengua para hablar.” (pp. 99- 100).
“Suscitar el espectro del desacuerdo irreconciliable es aceptar el desafío empírico de documentar las diferencias culturales y explicar sus reglas internas de coherencia. Por esta razón, el romántico se interesa primariamente en los contenidos del pensamiento del hombre: los presupuestos, valores y esquemas de clasificación específicos comunicados por personas específicas a otra gente específica en ocasiones específicas. Los miembros de una cultura común se conocen entre sí no por medio de estructuras profundas o por procesos hipotéticos subyacentes a su pensamiento, sino más bien por el contenido de superficie de los que se dicen y hacen los unos a los otros en el aquí y ahora. Cuanto más atención prestamos a los contenidos de superficie, menos común es la cultura del hombre.”(p. 100)